Yo no salgo a la calle cuando hay luz.
Quiero solamente mi luminosidad.
Aquí
Como las tortugas duermo.
Soy mi templo.
Me elevo como un globo.
Tengo un gusto propio y el cabello que no quiero peinar.
Estos son los muros donde se pudren mis ojos,
se agrietan las costillas,
reboto como un balón
y voy perdiendo la vida,
desviviendo,
flagelándome.
Pero soy el dueño de mi infierno.
El rey de mi reino.
Aunque todas esas culebras suban a lamer la úlcera,
la gangrena también es sólo mía.
En estas murallas se cae mi piel
todas las flores me colorean
y son negras
muy suave
ResponderEliminarel pepe :v
ResponderEliminarUn poema oscuro, visceral y tremendamente honesto. Explora esa paradójica tensión entre la decadencia absoluta y la soberanía personal: el sufrimiento interior como un espacio de reclusión, pero también como el único territorio donde se ejerce un control total.
ResponderEliminarTemas centrales y simbología
El encierro como refugio y condena: La habitación o la mente se convierte en un «templo» y a la vez en un espacio claustrofóbico («estos son los muros donde se pudren mis ojos»). Hay una renuncia al exterior («Yo no salgo a la calle cuando hay luz») para habitar una sombra que resulta propia y segura.
Autonomía en la ruina: La frase «Pero soy el dueño de mi infierno / El rey de mi reino» resume la columna vertebral del texto. Aun cuando el cuerpo o la mente se desmoronan («gangrena», «úlcera», «se agrietan las costillas»), la experiencia pertenece únicamente a quien la vive. Nadie más puede reclamarla.
Transformación y contradicción: La imagen del globo que se eleva choca directamente con la pesadez de la tortuga que duerme o el balón que rebota. Hay un vaivén constante entre la evasión mental y el choque brutal con la realidad física.
La estética del dolor: El cierre con las «flores negras» transforma la belleza tradicional en algo marchito o lúgubre, alineado con el tono general de autoflagelación y aislamiento.
La fuerza del texto radica en su ritmo pausado y la crudeza de sus imágenes. Neologismos implícitos o imágenes como «desviviendo» le dan una carga de desgaste paulatino muy bien lograda.