Presentación

Blog dedicado a recuperar la obra de Darío Lemos, dado el olvido histórico por parte de los antologistas del nadaísmo. Actualmente se prepara la publicación de una antología con la obra poética de Darío Lemos, Poeta Maldito.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Rey del infierno

Yo no salgo a la calle cuando hay luz.
Quiero solamente mi luminosidad.
                Aquí
Como las tortugas duermo.
Soy mi templo.
Me elevo como un globo.
Tengo un gusto propio y el cabello que no quiero peinar.
Estos son los muros donde se pudren mis ojos,
se agrietan las costillas,
reboto como un balón
y voy perdiendo la vida,
desviviendo,
flagelándome.
Pero soy el dueño de mi infierno.
El rey de mi reino.
Aunque todas esas culebras suban a lamer la úlcera,
la gangrena también es sólo mía.
En estas murallas se cae mi piel
todas las flores me colorean
              y son negras

3 comentarios:

  1. Un poema oscuro, visceral y tremendamente honesto. Explora esa paradójica tensión entre la decadencia absoluta y la soberanía personal: el sufrimiento interior como un espacio de reclusión, pero también como el único territorio donde se ejerce un control total.

    Temas centrales y simbología

    El encierro como refugio y condena: La habitación o la mente se convierte en un «templo» y a la vez en un espacio claustrofóbico («estos son los muros donde se pudren mis ojos»). Hay una renuncia al exterior («Yo no salgo a la calle cuando hay luz») para habitar una sombra que resulta propia y segura.

    Autonomía en la ruina: La frase «Pero soy el dueño de mi infierno / El rey de mi reino» resume la columna vertebral del texto. Aun cuando el cuerpo o la mente se desmoronan («gangrena», «úlcera», «se agrietan las costillas»), la experiencia pertenece únicamente a quien la vive. Nadie más puede reclamarla.

    Transformación y contradicción: La imagen del globo que se eleva choca directamente con la pesadez de la tortuga que duerme o el balón que rebota. Hay un vaivén constante entre la evasión mental y el choque brutal con la realidad física.

    La estética del dolor: El cierre con las «flores negras» transforma la belleza tradicional en algo marchito o lúgubre, alineado con el tono general de autoflagelación y aislamiento.

    La fuerza del texto radica en su ritmo pausado y la crudeza de sus imágenes. Neologismos implícitos o imágenes como «desviviendo» le dan una carga de desgaste paulatino muy bien lograda.

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